Se cuenta que, mientras los mineros descendían a la oscuridad, sus parejas iluminaban la casa con el sonido rítmico de los bolillos. Aquellas manos entrenadas con paciencia transformaron la incertidumbre en cintas firmes, hojas elegantes y flores ligeras, vendidas en mercados, heredadas entre generaciones y hoy admiradas por viajeras curiosas que descubren cómo el trabajo doméstico también teje identidad, dignidad y futuro compartido.
Se cuenta que, mientras los mineros descendían a la oscuridad, sus parejas iluminaban la casa con el sonido rítmico de los bolillos. Aquellas manos entrenadas con paciencia transformaron la incertidumbre en cintas firmes, hojas elegantes y flores ligeras, vendidas en mercados, heredadas entre generaciones y hoy admiradas por viajeras curiosas que descubren cómo el trabajo doméstico también teje identidad, dignidad y futuro compartido.
Se cuenta que, mientras los mineros descendían a la oscuridad, sus parejas iluminaban la casa con el sonido rítmico de los bolillos. Aquellas manos entrenadas con paciencia transformaron la incertidumbre en cintas firmes, hojas elegantes y flores ligeras, vendidas en mercados, heredadas entre generaciones y hoy admiradas por viajeras curiosas que descubren cómo el trabajo doméstico también teje identidad, dignidad y futuro compartido.